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Multitudinaria reunión de la Red de Cannabis y sus usos medicinales del CONICET

Un centenar de científicos, funcionarios, especialistas y organizaciones de la sociedad civil se reunieron por segunda vez en el año.


a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
a segunda reunión de la RACME, en el CONICET. Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.

La convocatoria superó las expectativas y los cien asistentes colmaron la sala de reuniones del CONICET donde se realizó el segundo encuentro del año de la Red de Cannabis y sus usos medicinales (RACME), a los que se sumaron más participantes vía teleconferencia. Además de los científicos y científicas que componen la Red, concurrieron diputadas nacionales, representantes de los ministerios de Salud, Agricultura, Seguridad, del Instituto Nacional de Tecnología agropecuaria (INTA), del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), de la Defensoría del Pueblo de la Nación, el juez penal Pedro Pianta y organizaciones de la sociedad civil –como Mamá Cultiva o CAMEDA- y de cannabicultores.

“Esta reunión es una cosa inédita dentro del CONICET, donde se da una especie de foro del pueblo, un foro muy amplio en donde estamos los científicos pero también se les está abriendo la puerta a actores de la sociedad civil para que vengan a trabajar en conjunto, y que logremos que todo aquel que tenga una patología que lo necesite pueda acceder al cannabis medicinal a precios razonables y en el corto plazo”, señaló Marcelo Rubinstein, investigador del CONICET en el Instituto en Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI) y uno de los impulsores de la RACME. “En esta convocatoria vemos que esta planta está causando una revolución en muchos países, como Uruguay, Estados Unidos, Canadá, Israel, y Argentina no está afuera de esa revolución”.

En el encuentro los asistentes se dividieron en comisiones para trabajar en seis aspectos cruciales del cannabis medicinal en forma paralela: la cuestión de la producción, de la reglamentación de la Ley 27350, de la investigación clínica, de la investigación básica, del control de calidad y de cómo comunicar sobre cannabis derribando los prejuicios instalados alrededor de la planta. El vicepresidente de Asuntos Científicos del CONICET, Mario Pecheny, y el gerente de asuntos legales, Alan Temiño, recorrieron las comisiones saludando la iniciativa y el trabajo mancomunado. “Es un placer para nosotros que esto haya cobrado semejante vuelo y el CONICET pueda vincularse a la vida de las personas”, señaló Pecheny.

Después del trabajo en comisiones, que se extendió por más de una hora, se celebró un plenario común, encabezado por la presidenta del CONICET Ana Franchi y la neurocientífica del CONICET e impulsora de la RACME, Silvia Kochen. Allí, cada grupo de trabajo pasó en limpio las conclusiones de lo conversado.

 

Plenario

El trabajo de la comisión de “Investigación básica” fue el primero que se expuso en el plenario. La investigadora del CONICET Susana Pasquaré, que viene trabajando en la temática del cannabis medicinal en Bahía Blanca desde 2007, tomó la voz cantante: “Hablamos de temas que nos atraviesan a todos los científicos que estudiamos la planta: la necesidad de incorporar a las universidades y otros organismos estatales en la temática; la posibilidad de gestionar cultivos científicos más allá del INTA y del CONICET; de importar insumos para la gestión de calidad; de que todos los avances científicos que no impliquen a pacientes deban pasar por el Ministerio de Salud, como ahora indica la normativa vigente; de que cada grupo de investigación tenga sus plantas; de generar un banco de semillas autóctono; de vincular a las ONG con los proyectos de ciencia básica; y de regionalizar los tratamientos y los cultivos”.

A continuación, Alejandro Nasimbera, médico neurólogo, becario doctoral de CONICET, expuso lo comentado en la comisión de “Investigación clínica”. “Comentamos la necesidad de conocer la composición y el perfil de cada producto que está circulando, que sean seguros y estables; con respecto a la dosificación y la posología, coincidimos en que se debe tener la posibilidad de seguir a un grupo de pacientes; el tema de usar scores validados; de establecer estrategias para lidiar con el efecto placebo, poder caracterizarlo y la tolerancia al cannabis; consolidar los ensayos observacionales doble ciego; y desarrollar planes de acción para que la RACME permita compartir esta información”, expuso.

La tercera comisión que expuso sus conclusiones fue la de “Control de calidad”. Los investigadores e investigadoras que formaron parte explicitaron los tres puntos fundamentales que necesitan resolver para poder instaurar el control de calidad en torno al cannabis medicinal. “Una de las limitantes que tenemos es la obtención de permisos de la ANMAT para trabajar con sustancias controladas, necesitamos que de alguna manera se facilite esa tramitación”, dijeron. Además, indicaron que “la investigación clínica exige protocolos de ANMAT, pero la investigación básica no necesitaría que el Ministerio de Salud tenga intervención”. Por último, pusieron de relieve la necesidad de que “en la actual legislación de cannabis debería definirse bien a qué se refieren con ´preparados a base de cannabis´”.

Carla Arizio, investigadora del INTA, ofició de vocera de la comisión de “Producción de cannabis medicinal”. Comentó que a instancias de la comisión, las preguntas que surgieron fueron: ¿quién debería producir?, ¿para qué?, ¿qué? Además, señaló que en el artículo 5 de la Ley 27.350 que regula el cannabis medicinal “se debería abrir el juego y habilitar a que la producción se abastezca con autocultivo o cultivo solidario, y para la producción privada, definir los estándares de calidad”. También planteó: ¿Cuál es la demanda que tenemos en producción? No hay números. Para contrarrestarlo, pensamos en el diseño de una encuesta para conocer cuál es la demanda que tenemos hoy”.

Los integrantes de la comisión de “Sociales”, luego, pasaron en limpio lo conversado: “Trabajamos sobre posibles estrategias de comunicación para tres perfiles: la población en general, los profesionales de la salud, y los usuarios. Creemos que es importante generar materiales que comuniquen públicamente el tema para derribar prejuicios”.

Por último, los integrantes de la comisión de Legales socializaron los aspectos en los que trabajaron. La vocera fue Valeria Salech, integrante de la ONG Mamá Cultiva. “La polémica –dijo- está en el artículo 5, por la injerencia del Ministerio de Seguridad a la hora de producir e investigar. El autocultivo, el cannabis fitoterapéurico y el cannabis farma son tres productos distintos, y en la comisión coincidimos en que se debería enmarcar la marihuana en tres categorías distintas, con controles distintos”, indicó.

Al término del plenario, la doctora Kochen brindó unas palabras de cierre: “El cannabis interpela todo, es un tema tan complejo que somos muchísimos los actores involucrados y nada está cerrado o es taxativo. Desde esta Red podemos cambiar las cosas. Este es el lugar para dejar situaciones abiertas, sujetas a cambio. No cerremos nada, sigamos trabajando en estas líneas, creo que hoy avanzamos muchísimo”. La propuesta final fue continuar trabajando en las comisiones en las próximas semanas, y acordaron un nuevo encuentro en marzo.